“No señor, mi hijo debe estar aquí, yo vi en la tele cómo lo sacaron de una casa que dijeron era de seguridad, vi cómo los policías se lo llevaron” dice Pedro, padre de Luis, a las cámaras de una televisora local de Nuevo León, el señor afirma que su hijo llevaba días desaparecido, que unos supuestos delincuentes lo habían “levantado”, mientras, recuerdo el caso de Melchor Flores Hernández, quien a decir de su familia, el 3 de marzo de 2009 fue privado de la libertad afuera de su casa por personas que viajaban a bordo de tres patrullas de la Policía Municipal de Monterrey.
Debido a la presión en diversos medios de comunicación, para mayo de 2010, 12 polimunicipales fueron detenidos y acusados del “levantón” de Melchor. “Lo entregamos a unos sicarios, quienes lo mataron y desaparecieron”, afirmaron los acusados ante las autoridades.
De acuerdo con un informe sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias que realizó en México a principios de 2011 un grupo de especialistas de las Naciones Unidas (ONU), “hay evidencia concreta, detallada y verosímil de casos de desapariciones de personas donde intervinieron directa o indirectamente las autoridades”.
Un viernes por la tarde Juan le dijo a su mamá que iría a Michoacán a pasar una semana con una amiga que había conocido por Internet. No dijo si llegaba a un hotel o a la casa de la mujer, simplemente avisó que iría a Morelia.
Los días pasaron y la familia de Juan no tenía referencia del paradero de su hijo. Intentaron comunicarse con él por teléfono celular pero llamaba y no era respondido. La familia intentó interponer una denuncia, pero las autoridades solamente tomaron los datos del joven e hicieron una papeleta para que la familia la distribuyera donde considerara conveniente. Una foto y la media filiación del joven era la “fórmula para encontrarlo”.
Ante la inactividad de los encargados de investigar, la madre de Juan se trasladó a Morelia. Allá supo que su hijo había llegado a la terminal de autobuses, caminó unos metros detrás de una mujer con la que intercambió palabras a lo lejos, luego una camioneta se le acercó, abrió las puertas y dos sujetos que descendieron de ella subieron al joven a la fuerza. Instantes después la mujer abordó otro vehículo que siguió a la camioneta.
Cuando veo a Enrique Peña Nieto en sus spots, aparte de encontrar un México irreal en donde no hay gente en las calles y él puede pasearse sin que un “prole” se asome a saludar a la cámara, no dejo de pensar en lo que reitera.
En sus apariciones en los estados de Coahuila, Veracruz y Baja California no deja de lamentar la violencia en la que están inmersas estas entidades y promete como Presidente “devolver la tranquilidad” a la población de estos estados; sin embargo, se le olvida referir que en los dos primeros, son integrantes de su partido quienes gobiernan y en quienes recae en primer instancia la responsabilidad de la seguridad en la entidad.
Tal parece que el político del copete se le olvidó que en la mayoría de los estados donde la violencia se ha disparado: Chihuahua, Coahuila, Estado de México, Tamaulipas, Michoacán, Nayarit y Veracruz, son priístas los que gobiernan; mientras que en Sinaloa y Guerrero, son ex militantes de ese mismo partido quienes operan. Caso aparte es Baja California, administrado por un panista.
En cuestión de política los mexicanos queremos que nos digan la verdad, pero inconscientemente nos gusta que nos mientan. Nos gusta que nos engañen porque queremos escuchar en voz de los políticos que si votamos por ellos habrá más empleos, más seguridad, más independencia económica, más desarrollo; en pocas palabras que seremos felices, aunque eso sea imposible. Es imposible porque votamos por un político que durará de tres a seis años en su período. Y en ese tiempo no se puede hacer nada.
En México debemos dejar votar por candidatos, simpatías y compadrazgos para comenzar a ver a futuro. Urge votar por un proyecto de nación.
Debemos sufragar pensando en la secuela de la votación.
Debemos votar por un grupo político e ideológico que independientemente de quién esté en el “poder” le de continuidad al proyecto de nación que sólo puede plantearse en el mediano plazo, es decir, de 15 a 30 años.
La moneda estaba en el aire y el destino le tenía planeada una mala jugada. Alguien en la Residencia Oficial de Los Pinos había decidido que la agenda estaría muy cargada y optó por no acudir a la reunión en Morelos con el gobernador panista y en lugar de realizar los preparativos para una visita presidencial le dieron aviso al "segundo de abordo". "El Licenciado José Francisco Blake Mora irá en representación del Presidente", fue el anuncio. Sin embargo, el Estado Mayor Presidencial decidió que el Súper Puma TPH06 si podía con ambas agendas. La bitácora decía: 1.- Traslado Ciudad de México-Cuernavaca, Morelos. 2.- Campo Marte-Aeropuerto Ciudad de México. El primer traslado estaba programado para Blake Mora. El segundo sería con el Presidente Calderón.
Por: Antonio González Díaz
Las calles de Los Héroes Tecámac distan mucho de los panfletos repartidos por la inmobiliaria SADASI. Los vendedores de casas no refieren a sus clientes que en unas cuantas semanas los lotes en los que se ubican estarán llenos de comercios clandestinos, que no respetan ninguna norma de desarrollo urbano ni de protección civil; no les avisan que tendrán que convivir con diversas pandillas dedicadas desde al robo a transeúntes hasta al narcomenudeo.
Tampoco les hacen referencia que entre sus vecinos se han encontrado células del grupo delictivo La Familia, como la detenida en julio de 2010 en Bosques de Argentina, y hasta líderes de cárteles del narcotráfico, como el asegurado en octubre pasado Adrián Ramírez Soria, alías El Hongo, y 11 integrantes del llamado Cártel del Centro, uno de los mayores distribuidores de droga en la entidad con ventas de un millón 600 mil pesos a la semana.
Aun recuerdo la primera escena de violencia de la delincuencia que me impactó. Se trataba de 12 decapitados y desmembrados en Yucatán. Luego le siguieron 24 ejecutados y apilados en La Marquesa, Estado de México. Los videos de los supuestos "Zetas" torturados, degollados y asesinados frente a la cámara y de ahí el escenario público lleno de morbo comenzó a perder su capacidad de asombro.
El 13 de abril de 2010, Roberto García Hernández tenía una cita con el destino que alguien más trazó para él. Su familia lo acompañó a la ciudad de Acámbaro, en Guanajuato, para comprar afuera de la tienda Soriana un boleto de autobús. En ese lugar fue llevado a bordo de una camioneta de la línea Eclipse hacia la población de El Fresno en Apaseo El Alto donde tomaría un autobús hacia Houston, Texas.
Sin embargo, Roberto nunca llegó.
La familia preocupada acudió con el gerente de la línea de autobuses, Rogelio Sánchez Galán, alcalde de Jerécuaro, Guanajuato. Aunque él nunca los atendió, los parientes fueron informados que el camión había sufrido una descompostura antes de llegar a Nuevo Laredo, Tamaulipas. Días después la versión cambió: el autobús fue secuestrado y no se sabía nada de él, de los dos choferes ni de los pasajeros que en él viajaban.
Hoy se cumple un año de la desaparición de Roberto y no hay rastro de él.
Claro que también estoy hasta la madre. Pero también estoy hasta la madre de los que dicen estar hasta la madre. Sí, porque este miércoles 6 de abril, a la gente que apuntó con su índice para acusar lo señalaban sus otros tres dedos.
Entre quienes marcharon para recordarle al Gobierno Federal su ineptitud para combatir al narcotráfico, hubo muchos, demasiados culpables directa o indirectamente de lo que está pasando en el país.
Así es, entre ellos caminó aquél que compra piratería y con ella llena buena parte de los bolsillos de las organizaciones delictivas.
Se indignaron también los ejecutivos que terminando la procesión se fueron al table dance donde un grupo de extranjeras y mexicanas son explotadas por las mafias mexicanas.
Clamaron justicia los que han contratado a indígenas desplazadas de sus comunidades por la narcoviolencia y las subcontratan con sueldos infrahumanos.
Lic. en Psic. y MCSP Francisco José Gutiérrez RodríguezUniversidad de GuadalajaraCentro Universitario de Ciencias de la SaludDivisión de Disciplinas Básicas para la SaludDepartamento de Psicología BásicaCentro de Evaluación e Investigación Psicológica
ALCOHOLISMO
La diferencia entre beber y emborracharse depende de la cantidad de alcohol que se ingiera. La cantidad que se necesita para intoxicarse variará de persona a persona y de un momento a otro, pero cualquiera que beba lo suficiente se emborrachará. Entre el bebedor y el alcohólico existe otra clase de diferencia. No puede medirse en cantidades de alcohol ni ser definida en breve. Depende de factores intangibles, de la personalidad, de la oportunidad etc.
Vivimos en una sociedad en donde es costumbre beber, a través del alcohol ofrecemos hospitalidad mostramos nuestra sociabilidad, en todo caso los abstemidos resultan anormales.
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