September 03, 2010 01:51:13

México: el país donde lo inimaginable se volvió real

Por: Antonio González Díaz

México se ha convertido en un escenario en el que a diario una tragedia nueva surge para opacar espectacularmente a la anterior. La noticia de los 12 decapitados en Yucatán nos sentó las bases para entender que los degollados ya no se darían en solitario ni en pares.

Apenas salíamos del asombro y entrábamos en la indignación cuando los 24 ejecutados en el Estado de México nos enseñaron que ahora el espectáculo del crimen organizado los mataría por docena.

Cuando creíamos distante al fantasma del terrorismo, se abrió la herida de Morelia, Michoacán, en plena ceremonia del Grito de la Independencia con sus ocho víctimas y cientos de heridos por la detonación de unas granadas entre los ciudadanos asistentes.

Días después de una megamarcha nacional para repudiar los secuestros y la violencia en general, un comunicador de Tabasco, Alejandro Zenón Fonseca Estrada, conocido como "El Padrino Fonseca", inició una campaña en contra de los secuestros y la inseguridad cuando cuatro sujetos abrieron fuego contra él, enfrente de varios testigos, al colocar una manta alusiva. ¡Bájate, bájate!, le gritaron los sicarios. Pero como no accedió, uno que portaba un arma de fuego, le disparó a la altura del abdomen y huyó, sumando a Fonseca Estrada en la estadística de agresiones contra periodistas sin resolver… quizá por la eternidad.  

Las cifras de homicidios en los estados de Chihuahua, Sinaloa, Michoacán y Guerrero día a día baten sus propios récords históricos, volviéndose noticia la cantidad de muertos y no el trasfondo de descomposición social, corrupción e impunidad en los que se cobijan estas acciones.

Las declaraciones espectaculares de afrenta contra el narcotráfico y la delincuencia organizada se dejan venir en desbandada y cada una supera a la anterior en cantidad de promesas y sentencias de “no daremos marcha atrás”, “caiga quien caiga”, “vamos ganando”, etcétera, por parte de los políticos, funcionarios y gobernantes.

Los titulares de las noticias cada día se llenan más de condenas a los actos delictivos y de advertencias a los responsables, sumándose a la lista de buenas intenciones y de inacciones.

Con tristeza veo cómo cada mañana mi país se convierte en un show de lo increíble vuelto realidad… y con cada hoja de los diarios lanzo una plegaria para que “la blanca Mérida” ya no se tiña de sangre; porque La Marquesa sea sólo un lugar donde uno encuentra el amor, el campo y la naturaleza; porque en las ceremonias de inicio del movimiento de independencia uno sólo se preocupe porque los huevazos de harina no nos alcancen y porque dejen de encontrar ejecutados en las calles de ciudades que cada día entran más en la histeria y el miedo generalizado.

El país al límite en el que estamos cada día, nos muestra la complejidad de su desorden y nos evidencia a todas luces que las cosas han cambiado para siempre.

No en vano llegaron los enfrentamientos como el de Tijuana, a plena luz del día y cerca de un jardín de niños, entre narcos y las fuerzas del “orden”.

Tampoco tomaremos a la ligera la localización del cadáver de un adolescente que días antes había sido plagiado y luego ejecutado por sus secuestradores, sin mediar justificación alguna. Si se le puede nombrar de alguna forma.

El chino-mexicano nos enseñaba que la delincuencia organizada trasnacional había sentado sus reales en el país y nos sorprendía con una increíble cantidad de billetes verdes nunca antes vista, cuando nos enteramos que tres sujetos custodiaban una buena cantidad de billetes verdes en Sinaloa, convirtiendo su aseguramiento en el segundo más importante en la historia del país.

La boca se nos empezaba a cerrar tras dejarnos de sorprender del mayor decomiso de cocaína en la historia mundial cuando nos “enteramos” que también la droga era trasladada en submarinos, quizá en mayores cantidades y en menor tiempo por el Pacífico mexicano.

Y debemos estar preparados para eso y muchas, muchísimas otras cosas más. No en vano se nos advirtió que esta sería “la madre de todas las guerras” y que “costaría muchas vidas”.

Debemos estar bien conscientes de que se ha trazado ya una línea en la historia de México que jamás, pase lo que pasare, podremos borrar y yo, la verdad, aún no me siento preparado para entenderlo.

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