Sobre el avionazo convertido en “accidente” del pasado 4 de noviembre en México se dicen, entienden, interpretan y conjeturan muchas cosas, pero hasta el momento no se ha podido convencer a la opinión pública sobre los hechos.
Lamentablemente el derrotero de la estrategia de comunicación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes -designada vocería en un intento de traspolar el caso del ámbito jurídico-penal, a un simple incidente aeronáutico- se ha inclinado más a las reacciones que a las indagatorias.
Y es que se han avocado a plantear los lineamientos para contratar a los nuevos pilotos de funcionarios federales, se han distraído en que si tenían o no experiencia el piloto, copiloto y controlador; discuten sobre los procesos de licitación, cuando aquí y ahora, lo importante es decir rápida y puntualmente, por qué se cayó el avión donde viajaban José Luis Santiago Vasconcelos, Juan Camilo Mouriño y sus colaboradores, punto.
Es así como, con el afán de decir las cosas lo más políticamente correctas, han caído en errores y omisiones tan simples como el hecho de calificar a los pilotos como inexpertos, por el simple hecho de medio leer en la transcripción de lo ocurrido que supuestamente no distinguían sobre dónde volaban.
Lo que no nos han dicho es que la inexperta voz que no distinguía la zona que recorrían era la de una tercera persona que entró a la cabina de control del avión y muy probablemente tomó los controles de la aeronave y obviamente distrajo al piloto y copiloto, ya que la misma transcripción de la grabación evidencia que los controladores en tierra hicieron indicaciones en varias ocasiones, mismas que fueron ignoradas por piloto y copiloto, toda vez que estaban atentos a los comentarios de quien entró al lugar.
No quisiera aventurarme a señalar al probable “intruso”, solamente sé que se referían a él con respeto.
La transcripción también nos muestra que piloto y copiloto, le reprochan al “intruso” que prefiere viajar en el Grumman en lugar del Lear Jet 45. El responde que “donde manda capitán…”
En fin, en este país que no necesariamente es la “región más transparente”, son más las interrogantes que las respuestas.
Interrogantes que tienden a ser infinitas cuando nadie quiere responder qué hacía un helicóptero en la trayectoria del avión de la Secretaría de Gobernación, que prácticamente “interceptó” en su ruta de aproximación y lo siguió de forma paralela durante todo su trayecto de desviación. Y yo no lo invento, ahí están las imágenes de radar que divulgó la SCT.
Dudas como la del tornillo que la armadora de los Lear Jet llamó a cambiar y que no sabemos a ciencia cierta si se le cambió al avión de Juan Camilo.
Pero bien, ahora resulta que el monopolio de la investigación ya no recae en la institución que por antonomasia siempre ha sido la encargada de hacerlas, sino en una dependencia como la SCT que no necesariamente tiene las facultades de investigación, ni punitivas que debe ostentar el caso. En fin.
Tal parece que nadie tiene respeto a las investigaciones serias, ni mucho menos existe la intención de dar la verdad “verdadera”, valga la expresión, o al menos eso parece. Al menos eso es lo que pensamos los que no tenemos información privilegiada, ni datos filtrados desde las cúpulas en el poder, que ya deben saber qué carajo pasó esa tarde-noche de martes. Dudamos los ciudadanos comunes y corrientes que lo único que sabemos es lo que nos dicen a medias o mal. En esta ocasión lo que aquí escribo, no es el resultado de análisis de medios, opiniones, conjeturas, cruce de fuentes, no. Es lo que usted y yo tenemos de información al alcance.
Una buena opción, por más morbosa que parezca, podría ser publicar la grabación de la cabina. Se argumentan protocolos internacionales que hay que cumplir, pero, ¡por Dios! ¡Cuántos tratados, acuerdos, protocolos y estatutos internacionales hemos violado una y otra vez! Si se quiere investigar “a la mexicana”, hagamos todas las cosas “a la mexicana” y no invoquemos “tratados que no deben romperse”, que más parecen impuestos a modo y oportunidad. Mientras tanto, usted y yo seguiremos sin saber la definición de lo que es un accidente, ni mucho menos qué hizo que ese avión se cayera, de verdad, verdad.
Contacto: buzonantonio-columna@yahoo.com.mx
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