September 03, 2010 02:17:31

Sobre la apología del delito y la autocensura ante el narcotráfico

Por: Antonio González Díaz

Con profunda tristeza noto el desatino de unos cuantos periodistas y el eco a ese error de otros muchos pseudo-periodistas que lo único que hacen es repetir lo que los supuestos “grandes” dijeron, sin formarse un propio  criterio y ni siquiera investigar.

Muchos se desgarraron las vestiduras con el mensaje que malogradamente captaron del discurso emitido el pasado 2 de marzo por el Procurador General de la República, Eduardo Medina-Mora Icaza, al inaugurar  el Foro “La responsabilidad de los medios ante la lucha contra la delincuencia organizada”.

Más de uno, sin argumentos, afirmó que el Procurador responsabilizó a los medios de la actual ola de delincuencia que se vive en el país y los acusó de servir al narcotráfico. Más de un desatinado ironizó pidiendo permiso a Medina Mora para dar alguna nota roja.

Sin embargo, las palabras del Procurador Medina Mora fueron muy puntuales. Afirmó: “Los criminales organizados usan técnicas de comunicación para acrecentar el efecto de sus actos de intimidación […], no es sólo la violencia que despliegan, sino la manera en la que lo hacen, precisamente porque saben que esa violencia y esa manera de desarrollarla será recogida por los medios y en ese sentido potenciará su efecto intimidatorio. Con brutalidad y descaro los carteles acompañan su barbarie con mensajes y así provocan su divulgación en los medios de comunicación. Las organizaciones criminales han entendido que la publicidad de acciones cruentas contribuye a amedrentar a otras bandas, a la población y, por tanto, suponen que inhibirán también la acción de la autoridad en su contra.”

Continúa, “cuando la violencia se muestra repetidamente fuera del contexto de su combate, la criminalidad se trivializa, aparece como omnipotente e invencible y provoca desánimo o parálisis entre la población. Reflexiones como esta han llevado un debate entre los mismos periodistas sobre su responsabilidad y el papel que les corresponde jugar en la confrontación con los enemigos de México.”

“Por eso, es muy bueno que los comunicadores muestren su interés en explorar posibilidades de convergencia en la lucha contra un enemigo común. Compromiso es la palabra. Compromiso con los principios del periodismo y compromiso con una sociedad democrática viable. Uno de esos principios es la investigación profunda y bien ponderada para que en lo que se refiere a la sociedad, la población conozca el por qué, el cómo, el para qué de las bandas criminales pero, también, el por qué, el cómo de lo que la autoridad está haciendo para combatirlas”, sentenció Medina Mora.

Sigo citándolo: “los valores éticos y profesionales del periodismo no pueden ni deben ser impuestos por la autoridad, deben sustentarse en la responsabilidad libremente asumida por los periodistas y los medios en los que laboran. El Estado Mexicano, el gobierno no tiene ninguna tentación en este sentido. Cada quien debe tener clara y asumir la responsabilidad que le corresponde, la autoridad debe seguir abierta al diálogo, a la crítica, a la transparencia, a la información, sin favoritismos.”

“Es bueno que el poder de los medios sirva como contrapeso de otros poderes, es indispensable, que para cumplir su función de manera independiente, profesional e imparcial cuenten con contrapesos propios generados por ellos mismos.”

“Normar la libertad de expresión desde el gobierno daría lugar a muchos más peligros que beneficios. Estoy convencido de que son los propios medios los que deben autorregularse mirando por los más altos intereses de la sociedad a la que pertenecen y a la que sirven. En el combate contra el enemigo común, la ciudadanía necesita información completa y equilibrada, que presente fallas y debilidades, pero también fortalezas y resultados. Si bien la crítica al trabajo del gobierno es fundamental para afinar estrategias y asegurar los resultados, es preciso, ante todo, que asumamos la existencia de un enemigo común al que combatimos de manera conjunta.”

En ese sentido fue el discurso del Procurador General de la República, sin tirar línea, sin censurar, sin amedrentar, ni culpar a los medios ni a los periodistas.

Los ejemplos son claros y en mi ejercicio profesional he coincidido con la esencia del discurso de Medina Mora.

Los cadáveres de los ejecutados y la posición en que son colocados son todo un lenguaje entre los integrantes de los grupos criminales; el dedo en la boca, las manos quemadas o cercenadas, la lengua cortada son un recado claro, con un destinatario preciso. Asimismo, obviamente los carteles, mantas y cartulinas con las advertencias y discursos difamatorios tienen dedicatoria y una función mediática específica.

Al publicarlos, caemos en la trampa de los grupos delictivos. Les servimos de medio para que llegue su mensaje. Si los delincuentes no buscaran ese impacto negativo entre la sociedad, seguramente continuarían realizando sus actos delictivos a la sombra de la opinión pública, como muchos otros miles suceden.

Es ahí donde los periodistas debemos analizar la pertinencia de la publicación o no de esos mensajes que desbordan el ánimo noticioso y caen en el simple morbo, escándalo o amarillismo, como quieran decirlo.

Por ejemplo, luchando desde la misma trinchera, en lugar de informar el valor de la droga asegurada a algún narcotraficante, puedo informar a mi público de las hectáreas necesarias para el cultivo de dicha droga o la cantidad de dosis y población que hubiese sido afectada con su distribución. Hacerle ver de qué manera afecta el crimen a la sociedad y no enviarle el mensaje de que “ser narco te conviene”.

Una encuesta que el Instituto de la Juventud de Culiacán, Sinaloa, hizo en los jóvenes de esa ciudad, muestra que la aspiración de muchos de ellos, quizá la mayoría, era tener joyas, ropa de marca, una camioneta nueva y armas, como los narcos, antes que prepararse para sobresalir por su conocimiento y esfuerzo, de tener una oportunidad de empleo productivo, formar una familia.

Un estudio más reciente, de finales del año pasado, en Tamaulipas, refleja una circunstancia muy parecida.

No se trata de hacer apología del delito, se trata de asumir responsabilidades y papeles determinados por la libre conciencia, la responsabilidad y el profesionalismo.

No nos desagarremos las vestiduras con supuestas censuras. Si el Procurador General de la República, Eduardo Medina-Mora Icaza no hubiese querido ser tan light, hubiera señalado que algunos medios obedecen a narco-agendas y se rigen por los valores que el crimen organizado les ha delineado. A final de cuentas no olvidemos que no dejan de ser empresas que buscan de alguna u otra forma las ganancias y los dineros.

¡Caray! No mal interpretemos.

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