Por: Antonio González Díaz
“Le escribo desconcertada ya que no he podido obtener las respuestas que busco”, me escribe una habitante de la ciudad de Durango, “la violencia que antes imaginábamos privativa de ciertos sectores, se ha apoderado de las calles. Esta madrugada no pude dormir. Durante un buen rato escuchamos en los alrededores una serie de disparos que por más que buscamos no pudimos identificar su procedencia; la estampa de la calle era la de un pueblo fantasma. Nadie hizo nada, nadie se movió, sólo éramos testigos parciales de lo que sucedía a unos metros de nosotros”.
Lamentablemente dicha situación no es privativa del estado de Durango, hoy por hoy los códigos que existían entre la delincuencia se han roto y violado para no volverse a enmendar. No en vano la imagen que dio la vuelta al mundo de los militares desalojando una estancia infantil en plena ciudad de Tijuana, en medio del fuego cruzado con un grupo de delincuentes que se atrincheró en una “casa de seguridad”.
En las últimas semanas pudimos ojear en los diarios las ejecuciones de mujeres, presuntamente relacionadas con el narcotráfico: una en Jalisco, otra en Tabasco y una más en Chiapas y hago esta referencia no a manera de justificación, sino con el fin de mostrar cómo esas viejas costumbres, como la de no tocar ni a mujeres ni a niños, se han dejado en el olvido.
Asimismo, los grupos delictivos han generado una serie de nuevos escenarios con la finalidad de contrarrestar el campo ganado mediáticamente por el Gobierno Federal.
Ahora no resulta extraño el que se disparen por medios cibernéticos amenazas ante la ciudadanía de que sufrirán el “fin de semana más sangriento que hayan vivido”.
De esta forma, mediante correos electrónicos, mensajes de celular y videos de libre reproducción, se amedrenta a la población generando una psicosis entre ella, que al fin y al cabo resulta ser falsa, pero con efectos psicológicos, sociales y económicos de consideración, para muestra Culiacán, luego Ciudad Juárez y ahora Durango capital.
Es así como podemos encontrarnos con mantas colocadas en lugares públicos, como el caso de Tamaulipas, en donde la delincuencia hace un llamado a los militares en activo para dejar las filas del Ejército y unirse a las de ellos, generando un ambiente de desconfianza entre la ciudadanía, que en el día a día se encuentra con los castrenses de los cuales ya también instintivamente siente que “debe de cuidarse”.
Otro caso, ya en algún tiempo muy socorrido, pero ahora retomado, es el de la exposición de los cuerpos de los ejecutados, con su obligatorio mensaje intimidatorio o su explícita amenaza envuelta en su excéntrico cobijo: ya sean cabezas guardadas en hieleras, o cadáveres mutilados, o cuerpos con remplazos de partes de animales, el mensaje es el mismo: llegamos al límite y estamos dispuestos a esto y más.
En Chihuahua, los grupos delictivos han lanzado una amenaza directa a los empresarios de la región: o pagan la protección y derecho de piso o comenzarán a ser secuestrados y degollados. Mientras, poco a poco los encargados de patrullar las calles y perseguir a los delincuentes corren con una de dos suertes: o son ejecutados o renuncian, dejando a la deriva a quienes habitan allí.
En Sinaloa, por ejemplo, se han desmantelado decenas de antenas de radio y teletransmisión en los cerros de su territorio. Estas antenas servían para interceptar las frecuencias de radiocomunicación de la zona. Los delincuentes monitoreaban los radios, telefonía y comunicación celular de la manera más descarada e impune. Nadie durante mucho tiempo quiso darse cuenta que se colocaron y operaban dichos aparatos.
Dicen los que dicen que saben que toda esta “guerra” entre buenos y malos no es más que una simulación. Que en realidad los encargados de combatir el delito se han convertido en meros espectadores de una verdadera batalla por obtener y recuperar territorio.
En medio del “fuego cruzado”, nos encontramos usted y yo, quienes no entendemos ni un carajo de lo que está pasando, pero poco a poco nos hemos convertido en espectadores cercanos de lo que antes sentíamos distante.
Y mientras esto sucede, los movimientos quirúrgicos tienen lugar sin la menor trascendencia, ya que pocos se enteraron a detalle de que un gran capo se había escapado de los cuerpos policíacos en plena carretera y que desapareció en un camino que tiene pocas salidas.
Necesariamente alguien tuvo que hacerse de la vista gorda ante su paso. Sin embargo, a manera de venganza o de correctivo, esa misma madrugada, el súper-policía que orquestó su fallido aseguramiento, murió ejecutado en una de sus casas. Ya el tiempo dirá si a alguien no le pareció que le pisara los talones al pez gordo que estuvo a punto de atrapar y la sorpresa vendrá cuando sepamos si murió por fuego “amigo” o “enemigo”.
Mientras tanto, no nos queda más que cuidarnos unos a otros y tratar de seguir viviendo de forma normal, total, no sabemos si terminaremos por acostumbrarnos.
mira amigo la culpa lo tiene los politicos corruptos osea los que se llaman (politicos) a lo que estan en la camara de senadores, lesgisladores, ejecutivos,que nadamas se preocupan por el bienestar de ellos mismo,mientras que el pueblo se joda, realmente no le interesa la vida humana de cada familia, es tanta la ambicion que se han olvidado del pueblo mexicano. por eso conoce bien a tu partidos y a su dirigente , mi opinion amigo es esta todos los partidos son la misma SUCIEDAD que existe en nuestro pais, que te promete eso, que ban a sacar al pais adelante puro bla , bla, bla, y el pais ba mas abajo.
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