September 03, 2010 01:29:29

La News Divine-nización Parte I

Por: Antonio González Díaz

El viernes 20 de junio, alrededor de las 19:20 horas fue mi primer contacto con la tragedia de la colonia Nueva Atzacoalco, el reporte de la radio informaba que tras un operativo policíaco se daba cuenta de 12 personas muertas. De inmediato la noticia fue un shock para mí, que fui adolescente, y tenía conocimiento de cuál es la concurrencia en un “antro” el viernes por la tarde. Sabía de sobra que dicho lugar debería estar copado de chavos de entre 13 y 25 años ingiriendo alcohol, fumando, sudando y jugando a conocer al sexo opuesto.

En ese momento dilucidé que dicha acción policíaca debió ser brutal, sin tiento y sólo con la ambición de las cámaras y reflectores. ¡Qué fregados buscaban esos policías entre jóvenes que lo único que intentaban era distraerse de su difícil vida llena de barreras y obstáculos socioculturales!

Con el flujo de las horas fue evidenciándose lo que muchos llamaron “un concierto de errores”: que si se alteró a la concurrencia por medio de los altavoces, que una pelea entre judiciales y jóvenes ocasionó el tumulto, que un grupo de chavos empezó a empujar a los demás que tomaron el desalojo a broma y comenzaron a apretujarse entre carcajadas y pujidos, y no sé qué tantas cosas más.

En los primeros minutos transcurridos, lo único que tenía cierto era que la labor de inteligencia en el operativo alguien la olvidó o quiso dejar de lado, o creyó que era mediáticamente conveniente ignorarla.

La instrucción previa al intento de redada de aquella tarde fue muy clara: echarle ganas a diversos sectores de la delegación Gustavo A. Madero mediante operativos de la UNIPOL para rendir “buenas” cuentas al Jefe de Gobierno.

Y de repente “alguien” decidió que sería “bueno” –o conveniente- hacer algo en un antro que llevaba años en la irregularidad y que más de una vez fue clausurado y en automático, bajo el evidente amparo de alguna autoridad delegacional, reabierto.

Para ese “alguien” era más urgente detener a cientos de jóvenes alcoholizados como prueba del delito, que realizar inspecciones en el tianguis de la “San Felipe” –ubicado en la misma delegación- que durante años ha sido punto de venta de mercancía robada o de contrabando.

Para ese “alguien” era más fácil detener a los drogadictos de una disco de la Nueva Atzacoalco, que realizar un operativo serio en las colonias Casas Alemán, Esmeralda, Campestre Aragón, Providencia y San Felipe de Jesús, cuya incidencia delictiva, venta y consumo de droga es latente.

Tengo copia del informe que la Comisión de Derechos Humanos hizo al respecto, que letra a letra me ha llenado cada vez más de indignación. El texto evidencia la estupidez combinada con brutalidad con la que se manejan nuestros cuerpos policíacos (sean preventivos o de procuración de justicia) cuyos golpes, insultos, intimidaciones y vejaciones se desbordaron ese 20 de junio.

Hubo además omisiones delicadas, como fue el caso de funcionarios que a pesar de tener equipos de comunicación jamás solicitaron auxilio médico, o como el Técnico en Urgencias Médicas que no permitió que le subieran a una víctimas a “su” ambulancia, entre otras decenas más que no se tratan de “incompatibilidad de frecuencias”, sino de valores éticos y de vocación.

Pero con lo que me quedo es con la brutalidad policíaca, esa que ha caracterizado a la policía mexicana desde siempre. Este Aparato Represor de Estado que desde hace décadas se mantiene estático y jamás se ha regido bajo las premisas de “proteger y servir a la sociedad”, sino que ha funcionado para legitimar el poder y someter a la población.

Cómo pretendemos que dicho aparato sea inteligente y sensible si toda la vida se ha utilizado para repartir golpes y toletazos. Cómo pretendemos eficientizarlo si siempre ha sido un fondo de becas para que la gente no delinca –te doy chamba de poli con tal de que no andes de ratero en la calle-. Cómo, me pregunto, y apuesto a que nadie me lo podrá contestar de forma clara y precisa.

Promete el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, una reestructuración en la corporación, y me pregunto si “La Hermandad” lo dejará. Sí, aquella cofradía interna de policías que corrompe la estructura mediante la exigencia de cuotas a los miembros policíacos: cuota de mordidas, cuota de infracciones, cuota por el uso de vehículos, municiones, alimento y vestuario. O tampoco sabrá de ella.

Hay tantas cosas que indignan, que lastiman, mucho más que el Jefe Delegacional con licencia de la Demarcación Chíguil acudiendo a rendir cuentas de los hechos entre porras y aplausos forzados de sus propios empleados vestidos de paleros, el mismo delegado que tiene planes de construcción de viviendas en áreas verdes de la colonia San Juan de Aragón. El mismo que jamás hizo valer las normas regulatorias en un antro que nunca debió ser lugar de concentración humana.

Pero por lo mientras debemos empujar la consideración de una rápida justicia restaurativa para aquellas familias que perdieron en el brutal operativo a su sustento económico, o al mediador entre los conflictos intrafamiliares, en fin. Hay que empezar a dar la vuelta a la hoja prometiendo de corazón que se procurará no dañar nuevamente a los más pobres y a los más vulnerables.

(Continuará…)

Contacto: buzonantonio-columna@yahoo.com.mx

Comentarios

SOM UNOS PUTS

Opciones de visualización de comentarios

Seleccione la forma que prefiera para mostrar los comentarios y haga clic en «Guardar las opciones» para activar los cambios.

Enviar un comentario nuevo