Aún sin concluir las investigaciones, empujado por la presión de la opinión pública y la emisión de un informe inquisitorio de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, el Jefe de Gobierno de la capital de México, Marcelo Ebrard “renunció” a los titulares de las dependencias involucradas en el operativo del News Divine: Rodolfo Félix Cárdenas de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal y Joel Ortega Cuevas, de la Secretaría de Seguridad Pública. A ésta se sumó la renuncia del Delegado de la demarcación donde se ubicaba el antro.
Y ante su salida, sin un castigo, esta historia se convirtió en una más de vencedores y vencidos. Si preguntamos a algún diputado de oposición al Gobierno del Distrito Federal, ellos se declaran los ganadores, ya que “presionaron políticamente para la renuncia de los funcionarios”.
A su vez, si preguntásemos a alguno de los periodistas inquisidores, no dudaría en pensar en que fue gracias a su “presión mediática” que se logró la renuncia.
Si cuestionáramos al ombudsman, se manifestaría satisfecho con su trabajo.
Todos y cada uno de ellos, se colgaría las medallas, de ese “gran avance y triunfo de la sociedad”. Pero al acercarme a uno de los padres de las víctimas y conocer su opinión, ese “gran avance y triunfo de la sociedad” se vuelve nada y se hace trizas.
“Todos ellos (medios de comunicación, políticos, representantes de la sociedad civil) se sienten los héroes y se les agradece, si hay algo que agradecerles; pero yo con ello me siento nada, porque fue a ellos a quienes les hicieron caso. Mi llanto, mi sufrimiento, mis gritos de impotencia y mi dolor, no bastaron… no sirvieron. Yo no pude hacer nada por mi hijo, yo no soy alguien a quien toman en cuenta.” Me dijo.
Y es que este mundo así lo hemos hecho. En esta vida, hay de muertes a muertes. Y cuando no “se es nadie”, la sentencia es el olvido. Cientos de casos así suceden diariamente cuya inercia del anonimato lo entierra en la inadvertencia. Y a nadie parece importarle.
Pero en esta historia de “vencedores y vencidos” somos más los perdedores que los ganadores.
Perdemos al intentar solucionar el error al encarcelar al presunto “único” mando del operativo y a un grupo de mandos medios que quizá ni vela en el entierro tuvieron.
Perdemos al correr a los titulares de las dependencias ya que no se trata de hacer cambios aparentes, sino de fondo y forma.
En México, se les da una placa de policía a los ciudadanos para que se sientan con la libertad de usar la ley a su beneficio. No saben ser servidores públicos. En nuestro país es común la frase “es un ratero con charola” para referirnos a los policías.
Pero su falta de vocación tiene su trasfondo en bajos salarios, en la explotación laboral a la que están sometidos y al rosario de cuotas que las mafias dentro de las mismas corporaciones policíacas les exigen.
Perdemos al tener un sistema de justicia preocupado solamente en perseguir al delincuente y no a reparar el daño y la afectación de las víctimas.
Perdemos al contemplar sistemas policíacos de reacción ante el crimen y no de prevención del delito.
Ninguna renuncia y ninguna condena carcelaria “ejemplar” les devolverá a las familias a sus parientes.
No hay vuelta de hoja y nada más qué agregar. No hay nada más qué discutir, ni argumentar. En cuestión de semanas, ya que la fiebre de la News Divine-nización se haya pasado, estas familias seguirán sufriendo y llorando en silencio, sin los reflectores apuntándoles.
Y seguirán preguntándose ¿por qué? Y sabe usted que les contestaremos: porque toda la vida nuestra historia ha sido de vencedores y vencidos y todos nosotros hemos tolerado hacer, desde siempre, el papel de los derrotados.
De esta forma, tanto usted, como yo, somos los asesinos de las doce personas muertas en ese antro. Y seremos los culpables de las muertes que algún día vuelvan a suceder.
Contacto: buzonantonio-columna@yahoo.com.mx
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