September 03, 2010 01:52:55

En un suspiro el cielo se llenó de angelitos

Por: Antonio González Díaz

Ni un millón de lágrimas ni miles de lamentos volverán a la vida a los pequeñines fallecidos en Sonora. ¿A quién debemos culpar? ¿A quién castigar? Nada podrá hacer escuchar de nuevo la sonrisas de esos querubines, nada. ¿Para qué un castigo ejemplar? ¿Para qué?

No tendrá sentido ningún duelo, ninguna pesquisa, ninguna persecución… ellos están muertos y nada más se puede hacer.

Sólo algo les dejará consuelo, que de verdad no vuelva a cometerse, que de verdad, verdad, no se vuelva a caer en la negligencia, ni la omisión. Que de verdad se sepa qué ocasionó el accidente, que de verdad se encuentre al culpable, que de verdad, verdad, se demuestre que en México existen leyes que se respetan y hacer valer.

Pero también se debe saber que en nuestro país hay códigos, reglamentos, hay supervisiones, hay gente preocupada por el bienestar de los demás, que de verdad estamos ocupados por la seguridad de todas y todos.

Debemos demostrar que aquí no es el país de la tranza, no es un lugar donde cerramos los ojos y hacemos como que “hacemos” nuestro trabajo, ni cumplimos con nuestras responsabilidades. Que de verdad, verdad, trabajamos, investigamos, nos preocupamos porque esas cosas no sucedan.

Esta tragedia debe investigarse, debe haber pruebas irrefutables que nos hagan creer que fue una situación lamentablemente extraordinaria, pero que no puede cometerse en ningún otro lugar ni bajo ninguna otra circunstancia.

"El techo de la bodega era de poliuretano. El calor del incendio de la bodega de al lado se metió por el techo y el calor derritió el poliuretano y empezó a soltarse. En minutos se desplomó sobre los niños. Llovió fuego", declaró Martín Lugo, jefe de Bomberos de Hermosillo.

Apenas supieron la noticia del incendio, los padres de los niños corrieron desesperados hasta la guardería ABC y a los hospitales de la ciudad para conocer el destino de sus hijos. Sin embargo, durante horas reinó un estado de confusión total. Muchas madres recorrían los hospitales sin saber cómo localizar a sus pequeños. Algunas creyeron que sus hijos estaban en centros asistenciales fuera de Hermosillo, pero lo cierto es que los pequeños habían perdido la vida. Confusión, caos, incertidumbre. Fueron horas de angustia que conmovieron a una ciudad entera que aún permanece en estado de conmoción.

María Magdalena.
Andrea Nicole.
Emilia.
Valeria.
Sofía.
Fátima Sofía.
Dafne Yesenia.
Ruth Naomi.
Denisse Alejandra.
Lucía Guadalupe.
Jazmín Pamela.
Camila.
Ana Paula.
Monserrat.
Pauleth Daniela.
Ariadna.
María Fernanda.
Joseline Valentina.
María Ximena.
Nayeli Estefanía.
Ximena.
Yeseli Nahomi.
Ian Isaac.
Santiago.
Axel Abraham.
Javier Ángel.
Andrés Alonso.
Carlos Alán.
Martín Raymundo.
Julio César.
Jesús Julián.
Santiago.
Daniel Alberto.
Xiunelth Emmanuel.
Aquiles Drenet.
Daniel Rafael.
Juan Carlos.
Germán Paúl.
Bryan Alexander.
Jesús Antonio.
Luis Denzel.
Daré Omar.
Jonathan.

Me rehúso a pensar en ellos como números, como “cifras” de una tragedia. Eran pequeños que aún estaban por comenzar una vida, bebés inmensamente amados por sus padres, querubines que eran la luz de su hogar, la justificación de la vida de muchos a su alrededor.

Imaginemos poder volverlos a ver… ¿qué les diríamos, qué justificación les daríamos para arrebatarles la vida? ¿Podríamos decirles que todas las normas se cumplieron, que todos hicieron su trabajo, que nadie fue negligente, que todos estaban preocupados y ocupados por ellos?

No hagan como que investigan, no hagan como que se indignan, no hagan como que castigan, no, esta vez no.

Mientras, una madre llora desconsolada y le grita a su pequeño “que Dios te bendiga”, a la vez que afirma al verlo que se va “muy guapo”, como a él le gustaba, con botas y sombrero y que toda la vida lamentará que ya no le pueda decir “mamita te amo”.

Contacto: buzonantonio-columna@yahoo.com.mx

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